A unos meses de cumplir 83 años, la feminista estadounidense Angela Davis convocó a una multitud en el Centro Cultural Universitario. Más de cincuenta años después de que fue encarcelada, condenada a la pena capital en Estados Unidos y liberada gracias a lo que ella misma llama “el trabajo colectivo”, la activista en contra del sistema penitenciario marcó su visita a México con una reflexión: la urgencia de generar esperanza, ya que “la desesperanza no es una opción”.
El último miércoles de agosto de 2026, más de dos mil personas llegaron al Centro Cultural Universitario de la UNAM para escuchar a Angela Davis, la filósofa antirracista que fue miembro del Partido Comunista en Estados Unidos; la activista que por su filiación política fue expulsada de la Universidad de California de Los Ángeles; la feminista fundadora de Critical Resistance, organización que busca la abolición del sistema carcelario, y la profesora emérita de los programas de Historia de la Conciencia y de Estudios Feministas en la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC).
Angela Davis no había tenido antes un acto público en México. Su presencia en la UNAM fue para presentar el libro Abolición, feminismo, ¡ahora! Hacia el fin del sistema carcelario, que coescribió con las académicas Gina Dent (editora de Black Popular Culture, 1992), Beth Richie (autora de Justicia bajo arresto: mujeres negras, violencia y la nación carcelaria de Estados Unidos, 2012) y Erica Meiners (autora de ¿Por el bien de los niños?: Protegiendo la inocencia en un Estado carcelario, 2016).
Desde las seis de la mañana llegaron quienes deseaban tener un lugar en la Sala Miguel Covarrubias, el recinto del Centro Cultural Universitario donde se realizó el “Diálogo magistral: Abolición, feminismo, ¡Ahora!”, en el que participaron Angela Davis y Gina Dent. Para el mediodía, más de 300 personas estaban formadas. Poco más de una hora después, ya se habían repartido 724 fichas para ingresar a la sala. Para que todas las personas asistentes pudieran escuchar a las feministas estadounidenses, se habilitaron otros espacios: las salas de cine y la explanada del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), donde se colocó una pantalla gigante y 500 sillas que también resultaron insuficientes.
Para Mirna Estrella, profesora de 46 años, la conferencia representó la única oportunidad de escuchar a una de las pensadoras referentes del feminismo. Y por ello, no le importó aguardar más de diez horas. Como ella, cientos más hicieron del Centro Cultural Universitario el espacio colectivo de la espera, donde el tiempo pasó con libros, bordados, conversaciones, pintas y calcomanías o bolsas con el rostro impreso de Davis.
Energía para abolir el capitalismo
La presencia de Angela Davis y Gina Dent reunió a una diversidad de luchas sociales en la Sala Miguel Covarrubias: colectivas feministas, indígenas, afrodescendientes, afromexicanas, del movimiento LGBT; también estaban ahí quienes llegaron en representación de sus abuelas, madres y padres. Como Renata Barreiro, de 27 años: cuando su papá se enteró que la activista estadounidense estaría en México, recordó los tiempos de represión que se vivieron en México en los años sesenta. Para él, Davis representa “la unión de los corazones frente a una misma represión”.
Antes de que se escucharan las palabras de las académicas, las consignas tomaron el espacio: “Alerta, alerta, alerta al que camina, la lucha feminista por América Latina”; “no, no, no, no es un hecho aislado, las desapariciones son crímenes de Estado”.
Davis y Dent llegaron al escenario. Su presencia fue como un resorte que llevó a ponerse de pie a los asistentes. Los aplausos se prolongaron durante casi un minuto.
Cuando la emoción de verlas aún sacudía, un grupo de jóvenes subió a protestar en contra de la UNAM, por considerar una contradicción invitar a una intelectual que busca abolir el sistema carcelario, mientras se criminaliza a uno de sus alumnos. El caso que denunciaron fue el de Arturo Lugo Macías, conocido como “Shevek”, acusado por la universidad de daños a la propiedad. Quienes protestaron también nombraron a las seis mujeres que, en meses recientes, fallecieron dentro de las instalaciones del penal de Santa Marta Acatitla: Rosa, Vanessa, Viridiana, María Elena, Mónica, Valeria, Diana Laura.
La protesta dividió al público: un sector exigió a gritos que terminara; otra parte respaldó el derecho de los jóvenes a tomar el espacio. El choque de posturas llenó el auditorio de tensión. Las autoridades ofrecieron una salida al conflicto: propusieron abrir mesas de discusión con quienes se manifestaban.
Para Angela Davis, la protesta no representó una interrupción, ni desestimó los reclamos: “Estoy tratando de entender cómo podemos transicionar… Y lo que me gustaría decir es que me impresionó muchísimo la energía (de la protesta); me encontré deseando poder canalizarla para poder poner fin a las prisiones, para abolir el capitalismo, para terminar el feminicidio aquí, en México”, dijo al comienzo del diálogo.
La esperanza como disciplina
Uno de los momentos que más movieron a las personas asistentes fue cuando, ante la pregunta sobre qué hacer en estos tiempos de antifeminismo, campañas antigénero y gobiernos fascistas, Angela Davis respondió: “La desesperanza no es una opción”. Esas palabras provocaron una descarga de energía.
Para explicar cómo cultivar la esperanza, la autora recordó su trayectoria dedicada a la lucha política y relató su infancia en Birmingham, Alabama. En ese entonces, la ciudad sufría una segregación racial tan extrema que la apodaban “el Johannesburgo del Sur”.
Las personas negras tenían prohibido entrar a bibliotecas, a los museos y a las escuelas regulares. Ante ese escenario, la filósofa aseguró que la esperanza motivó a su generación. Recordó el linaje de resistencia afrodescendiente y describió cómo las mujeres esclavizadas enseñaban a leer a medianoche: ellas arriesgaban su vida para imaginar un futuro libre para su descendencia.
Angela Davis conectó esa resistencia histórica con su propia supervivencia y recordó la campaña internacional “Angela will be free”, que se desató a principios de la década de los setenta, cuando el gobierno estadounidense la encarceló. Su arresto generó protestas masivas en distintos continentes. La consigna traspasó las calles e inspiró a John Lennon y Yoko Ono el tema “Angela” para exigir su libertad. La banda The Rolling Stones también se sumó al reclamo con la canción “Sweet Black Angel”.
La filósofa confesó que, si miles de personas anónimas no se hubieran organizado para exigir su liberación, ella jamás habría pisado la Sala Miguel Covarrubias.
“Somos una manifestación de esa esperanza. El primer trabajo del activismo radical es generar esperanza, persuadir a la gente de que un mejor mundo es posible”, sentenció la autora de libros como Mujeres, raza y clase (1981) y La libertad es una lucha constante. Para la filósofa, la construcción de otros mundos posibles requiere tomar fuerza de la esperanza.
Gina Dent tomó la palabra para complementar esta visión; retomó una frase de la organizadora comunitaria Mariame Kaba: “La esperanza es una disciplina”. La esperanza, explicó, no es un sentimiento pasivo, sino una herramienta que requiere un esfuerzo diario.
La profesora del Departamento de Estudios Feministas, Historia de la Conciencia y Estudios Legales de la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC) criticó a quienes adoptan posturas anticapitalistas desde la inactividad. Y advirtió: nadie puede sentarse a esperar a que las cosas cambien solas. Para ella construir otras realidades representa una fuente inmensa de alegría; cruzar los brazos frente a la injusticia sería sumamente aburrido.
Libros para sostener la resistencia
Angela Davis contó que su madre le enseñó a leer a los dos años de edad. Y confesó que las respuestas más apasionadas hacia la lectura no las ha presenciado en las aulas, sino en las prisiones.
El tema de Palestina atravesó la charla desde los primeros minutos. Davis dedicó una reflexión a este pueblo y destacó su profundo hábito de lectura. La filósofa aseguró que los palestinos son lectores incansables frente a la adversidad. Para ellos, afirmó, los libros representan una herramienta vital para sostener la resistencia.
Uno de los momentos más vibrantes de la tarde fue cuando, desde el escenario, Davis observó una bandera de Palestina que ondeaba entre el público. “Yo conozco esta bandera”, exclamó. Se levantó de su asiento, caminó hasta la esquina del escenario y tomó la bandera. Las consignas pro Palestina se escucharon en la Sala Miguel Covarrubias.
Gina Dent profundizó en el poder político de los libros: “No resolverán todo, pero ayudan a entender”. Además, dijo, leer no debería ser un acto solitario, sino una herramienta para construir comunidad y organizar la resistencia desde abajo.
Construir liderazgos distintos
Las activistas también desmenuzaron cómo crearon el libro Abolición, feminismo, ¡ahora! Hacia el fin del sistema carcelario, escrito junto a Beth Richie y Erica Meiners. Revelaron que la escritura en conjunto fue un ejercicio de resistencia contra el individualismo académico. No bastaba con cuatro firmas, requirió despojarse del ego, trabajar en equipo y aprender a escuchar. “Tenemos que aprender a ser humildes. Tenemos que aprender a tomar las ideas de otras personas de una manera mucho más seria que las nuestras”, reflexionó Angela Davis sobre el esfuerzo detrás de construir una sola voz comunitaria.
Para las pensadoras, la creación de este texto se convirtió en una metáfora viva del esfuerzo diario que requiere crear comunidades.
Gina Dent, por su parte, explicó que el abolicionismo y el feminismo deben entenderse juntos, porque ambas corrientes no pueden funcionar por separado: “Si lo separamos y empezamos primero a trabajar en abolicionismo y luego en feminismo, esto no va a ser feminismo abolicionista”.
Ver el videoSe abre en Google Drive ↗También habló sobre el concepto de interseccionalidad. Explicó que este término sirve para describir las luchas y la unión de diferentes movimientos sociales. Bajo esa lógica, enfatizó que no es posible cuestionar la vigilancia policial sin cuestionar el género, la sexualidad y la violencia. Estos factores, aseguró, producen y perpetúan las estructuras de control.
“No podemos usar las prisiones para resolver los problemas de género que existen”, sentenció. Y ante ello, propuso redefinir la seguridad y alejarse del monopolio del Estado carcelario.
Para lograrlo, Gina Dent subrayó la urgencia de modelar liderazgos distintos. Explicó que el movimiento feminista abolicionista necesita rechazar a quienes concentran todo el poder y, en su lugar, crear formas de autoridad comunitarias que respeten las diferencias.
Una manera revolucionaria de pensar
Para articular la resistencia, Dent también propuso fortalecer los diálogos transnacionales, ignorar al “norte global” y priorizar los saberes creados desde el sur. El feminismo abolicionista, enfatizó, exige escuchar a las personas oprimidas y proyectar al mundo la voz de quienes permanecen en prisión por sus ideas y su identidad.
Angela Davis respaldó esta postura y criticó el “feminismo carcelario”, al ser una falsa ilusión de solucionar la violencia machista a través del sistema penal. La autora exigió mayor profundidad al analizar: “Tenemos que aprender a pensar de manera más complicada; en ocasiones, ello implica tener que pensar de manera más simple”.
“El feminismo abolicionista es una manera revolucionaria de pensar y de hacer activismo. Es una revolución para derrotar el capitalismo, el colonialismo”, dijo. Los aplausos y gritos respaldaron la declaración.
La única pregunta del público que se leyó fue el cierre de la conferencia: ¿Cómo pensar y practicar el abolicionismo en la vida diaria? La respuesta fue un llamado a construir justicia transformativa, advirtiendo que no se puede confiar en las prisiones y el sistema que las sostiene. Eso, insistieron, requerirá desaprender lo que conocemos y, sobre todo, aprender a estar “cómodos con lo incómodo”.
Y aunque muchos asistentes se quedaron con ganas de escuchar más, el encuentro fue como un prisma: cada asistente construyó su propia lectura sobre lo que sucedió y se escuchó en la Sala Miguel Covarrubias. Las redes sociales extendieron la conversación, los debates estallaron en distintas plataformas para analizar las posturas políticas, los actos de resistencia y, en especial, el feminismo abolicionista.
Galería







